Ha llegado el momento de lanzar LA pregunta: ¿es por fin aceptable ir en chándal al trabajo?

Si hay un momento chandalero de esos que son #historiadeEspaña y que viven en la memoria colectiva de varias generaciones es aquel de Chenoa con un conjunto gris, llorosa, en su portal, después de que Bisbal hubiera cortado con ella. La propia artista diría 15 años después al respecto: “yo en chándal no salgo más”. Pero la vida siempre nos sorprende.

¿Puede una prenda tan connotada como el chándal cambiar radicalmente la manera en que vestimos para ir a trabajar a causa de la pandemia? Hemos hablado con expertos en historia de la moda como Eduardo Sánchez, director de la escuela de moda del IED Madrid, y con algunas de las marcas de ropa más populares (H&M, Mango, Women’secret) para conocer su opinión.

Breve historia del chándal

Desde que Émile Camuset, fundador de Le Coq Sportif, creó el pantalón de chándal en su versión más clásica en la década de los 20 del siglo pasado, como nos recuerda Eduardo Sánchez, esta prenda ha vivido mucho.

Comenzó como un símbolo de estatus (tener tiempo para practicar deporte significaba disponer de ocio y de dinero para disfrutarlo, algo solo al alcance de las clases altas), el nacimiento de los ‘teenagers’ como franja generacional en el periodo de entreguerras supuso un auge de la ropa deportiva y su primera asociación con la juventud, explica Giorgo Riello en ‘Breve historia de la moda’.

Sin embargo, no es hasta los 70 cuando se produce su primer debut como elemento de moda. En los 80, el algodón deja paso al nylon, y en los 90 aparece “vinculado al nacimiento del hip hop y la cultura urbana”, apunta el experto en moda del IED Madrid.

Son los últimos tres lustros los que revitalizan esta pieza como en ningún momento histórico anterior, y Sánchez explica las razones: “las grandes firmas de lujo comienzan a diseñar prendas de deporte; el auge del culto al cuerpo y belleza fomentado por la aparición de las redes sociales; y la relajación de las normas de vestimenta en el espacio laboral tras la aparición de los nuevos gigantes tecnológicos como Google o Facebook“.

El chándal, ‘uniforme’ de la era coronavirus

Otra de las razones por las que el chándal es pura tendencia es su nueva encarnación musical: las estrellas del trap y el reguetón lo llevan como bandera. Se trata de la manifestación de un fenómeno que se ha ido repitiendo a lo largo de la historia: una subcultura o clase social sin privilegios convierte su manera de vestir en una herramienta de poder. El chándal, asociado en muchas ocasiones a los jóvenes de barrio, a lo ‘choni’, se ha convertido en fuente de prestigio y, por ello, lo asumen las élites.

No obstante, justo antes de que el mundo se sumiera en la pandemia, el chándal estaba acabando con su ciclo de moda, nos recuerda Sánchez, aunque con un estatus ya muy diferente “lo que era ropa de ‘delincuentes’ cuando se veía desde las capas más altas sociales y económicas ha pasado a ser parte de la tendencia del prêt-à-porter de lujo”.

¿Qué opinan H&M, Mango, Women’secret…?

“Creo que la situación en la que estamos ahora mismo puede cambiar el vestuario working de modo que la ropa más ‘sastre’ será menos relevante”, apunta Maria Östblom, responsable de diseño de mujer en H&M, que vaticina una progresiva disolución de los códigos de vestir, aunque concluye: “¡Siempre habrá ocasiones para arreglarse!”.

Un punto de vista similar comparten desde Mango: “A día de hoy el Mix & Match es una realidad”. Sin embargo, desde la firma no apuestan tan fuerte por el cambio de paradigma, y afirman que su objetivo seguirán siendo “prendas de gran calidad y que perduren en el armario de nuestros clientes”.

Desde Women’secret, firma del grupo Tendam, “hay una apuesta segura de que los próximos meses priorizaremos el confort, buscaremos prendas versátiles que te permitan estar delante de una pantalla, ir a la compra, estar en el sofá e ir con ellas al trabajo”, avanza Eva Romeo, directora general de la marca. Para ella, lo que va a perdurar es “la sensación de bienestar que te proporciona un tejido”, y añade: “pasará a ser un elemento diferenciador, más allá de la pura tendencia pasajera”.

Pedro del Hierro, otra de las cabeceras de Tendam, resalta que no ser “fast fashion” le ha facilitado la adaptación a las circustancias. “Es momento de analizar mucho lo que se vende, cuando y por qué y estar alerta”, explica Nacho Aguayo, su director creativo, que también se atreve a predecir: “El concepto de chándal ha cambiado mucho. Siempre que hablamos de esta prenda nos viene a la cabeza el conjunto en tejido más técnico y eso no creo que sea lo que triunfe“.

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Igualmente excéptico se muestra Eduardo Sánchez, del IED Madrid: “Creo que se prolongará la tendencia, pero que esta se convierta en estilo y podamos hablar del chándal como prenda de uso diario en todos los estratos sociales está lejos de conseguirse“.

El director de la escuela de moda insiste en que estamos en la cresta de la ola de la crisis, y desde aquí pueden extraerse conclusiones equivocadas. Por mucho que el chándal esté ‘contaminando’ otras prendas para sobrevivir a su fin de ciclo, no, aún no es aceptable ir en chándal a la oficina: “Para que ocurriera debemos resignificar el concepto de elegancia, y desvincular el cómo vestimos de nuestra productividad laboral; son procesos largos que implican gran cambio social y tiempo”.

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