Andrea Ghez, Premio Nobel de Física, "La competición también puede ser una fuerza motora de la ciencia"

Eran las dos de la mañana en Los Ángeles cuando sonó el teléfono fijo en casa de Andrea Ghez. “Estaba durmiendo. Y lo primero que piensas es que alguien ha tenido un accidente o se ha puesto enfermo. Luego, un señor te dice que llama de la Real Academia de las Ciencias de Suecia… Entonces, te das cuenta”, relata, sin evitar una risa nerviosa, cómo le comunicaron que era una de las ganadoras el Nobel de Física. “Te explican que no puedes decírselo a nadie en 20 minutos, lo que tardan en hacerlo público. Pude escribir un mensaje a mis hijos para enviárselo cuando fuera oficial. Después el teléfono y el e-mail se colapsaron”.

La investigadora ha compartido premio con los también astrofísicos Reinhard Genzel, de la universidad de Berkeley, y Roger Penrose, profesor emérito de Oxford, expertos, como ella, en la ciencia de los agujeros negros. Ghez y Genzel han sido reconocidos por su trabajo en el “descubrimiento de un agujero negro súper masivo en el centro de nuestra galaxia”. Tan masivo como cuatro millones de soles. Se llama Sagittarius A* y es la obsesión de la científica desde hace 25 años. “El Nobel no era el objetivo. Si lo es, vives en un perpetuo estado de decepción y no piensas con claridad. Debes aislarte de la naturaleza competitiva de este trabajo y ese deseo de reconocimiento. Si no, te vuelves loca”.

Lo más apasionante es que hemos formulado más preguntas que respuestas.”

Aunque empezó estudiando Matemáticas, se graduó en Física por el MIT y completó su doctorado en el Instituto de Tecnología de California. “No siempre tuve claro qué quería hacer. Tenía aptitudes para las matemáticas y la ciencia. Y la llegada a la Luna hizo que me interesasepor el universo. Me intrigaban las preguntas que desafiaban la lógica, y el universo y sus límites te obligan a pensar en la infinidad. Es como resolver un puzzle gigante”. Desde 1994, es profesora en la Universidad de California Los Ángeles y, desde 2004, pertenece, a la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. Es también una gran divulgadora, capaz de explicar de forma sencilla qué son esos agujeros negros supermasivos que estudia.

“Al contrario que los agujeros negros estelares, cuya existencia venía predicha por la teoría, las evidencias observacionales nos llevaron a pensar que esas enormes masas existían. Ahora, asumimos que los agujeros negros supermasivos están en el corazón de las galaxias”, explica. El hallazgo ha hecho que las preguntas en este campo se planteen en términos diferentes. “Antes, era como la paradoja del huevo y la gallina. ¿Qué fue antes: el agujero negro o la galaxia? Ahora sabemos que esa pregunta no es correcta. Se cree que lo que formó a la una también formó al otra, y que tiene que haber retroalimentación entre ambos”, afirma Ghez, que subraya la importancia de conocer su naturaleza para saber mejor cómo se formó el universo. “Además, nos interesan porque representan un espacio en el que las leyes de la física no funcionan para describir lo que pasa. Entenderlos nos ayudaría a comprender mejor las leyes de la gravedad y la mecánica cuántica”. Su contribución incluye el desarrollo de la óptica adaptativa, una tecnología que mide las distorsiones que se producen en la atmósfera y las corrige para que los telescopios fotografíen con más nitidez la Vía Láctea.

Ghez es la cuarta mujer que gana el Nobel de Física, tras Marie Curie (1903), Maria Goeppert-Mayer (1963) y Donna Strickland (2018). “Es una enorme responsabilidad. Quizá porque formo parte de un campo en el que no hay muchas mujeres, siempre me he esforzado en que las chicas se interesen por la ciencia. Tener referentes femeninos, te hace pensar que está a tu alcance. Por eso, me gusta dar clases a los universitarios de primer año. Si te ven, eres entusiasta y les enseñas tu trabajo, entienden que las mujeres contribuimos al conocimiento científico al máximo nivel”.

En una entrevista reciente, Reinhard Genzel, el astrofísico alemán con quien comparte el Nobel, afirmaba que ahora los comités científicos tratan de mostrar más sensibilidad a la hora de reconocer a las mujeres. “Creo que el comité de los Nobel invierte años en decidir qué tipo de trabajo quiere premiar y qué descubrimientos son interesantes. Y creo que se toma esa responsabilidad muy en serio. Es todo lo que voy a decir”, dice Ghez, dejando patente que la relación entre ellos sigue siendo tensa.

Durante dos décadas, su competición ha sido intensa. Con enfrentamientos y acusaciones. Aunque se habla de la colaboración como herramienta para el avance de la ciencia, Ghez asegura que “es sano que haya otro grupo que trabaje de manera independiente. La competición es una fuerza motora, impide que te conviertas en alguien complaciente. Y si tu trabajo tiene un defecto de lógica, tu competidor se dará cuenta. Es una forma diferente de colaboración que consiste en mantener cierta independencia de pensamiento”.

El año pasado, se fotografió por primera vez un agujero negro. ¿Está viviendo la astronomía su edad de oro? “Es un momento muy notable en nuestra habilidad para entender el universo y la naturaleza de los agujeros negros. Pero lo más apasionante es que hemos logrado formular más preguntas que respuestas”.

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