Gal Gadot, la superheroína que puede salvar los cines

Hablar con una celebridad es, en cierto modo, como atravesar la pantalla y llegar a un espacio en el que lo extraordinario se vuelve ordinario y, por ese mismo motivo, nuevamente extraordinario. Aunque la época de las divas del cine está prácticamente superada, hay actrices que facilitan más que otras el cruce de esa frontera tajante entre la privacidad férrea y el dominio público de la fama; las que no titubean en presentarse como “seres normales”, acaso deseando de verdad esa normalidad.

Es el caso de Gal Gadot, la actriz israelí de 35 años que se ha hecho famosa en todo el mundo por su papel como Wonder Woman. ¿Y qué puede haber mejor que ser la Mujer Maravilla, esa superheroína de DC Comics que es nada menos que hija de Zeus y de la reina de las Amazonas? Nada de divo ni de divino emana de Gadot cuando se conversa con ella, a pesar de haberse convertido, en apena tres años, en toda una estrella de Hollywood –en 2017, la primera entrega de Wonder Woman batió récord de taquillas y recaudó 822 millones de dólares–. Su cercanía sorprende, especialmente porque su forma de mirar, de hablar y gesticular son las de su personaje, con esa voz algo raspada, sonriente, inseparable ya (¿para siempre?) del carácter benévolo de la semidiosa griega.

Pero ella no se ve, o es incapaz de verse, como el mundo entero la ha visto y la seguirá viendo a través de la pantalla. “Es curioso porque no pienso en eso. De hecho, a veces, cuando veo la película, tengo que recordarme a mí misma que esa de ahí soy yo”, dice la actriz israelí entre risas.

Gal Gadot se estrenó como figura pública a los 18 años cuando fue elegida Miss Israel. Había sido modelo, bailarina (de ballet, de danza moderna, de hip hop) y, antes, una niña que pasó una infancia idílica, según cuenta ella, llena de inocencia y juegos al aire libre. “Tuve una infancia muy dulce y feliz –dice sin dudar–. Aún no había teléfonos móviles y en casa no me dejaban ver la tele por las tardes, así que estaba siempre jugando fuera con mis amigos. Intento darle a mis hijas la infancia que tuve”. Ella no se había planteado dedicarse a la interpretación hasta que le ofrecieron la oportunidad de aparecer en la serie Bubot, en su Israel natal. La suya fue una transición de modelo a actriz “bastante suave”, admite ahora.

Su primer papel en una película estadounidense le llegó en 2009, con la cuarta entrega de la franquicia A todo gas (Fast and Furious). Lo consiguió, en parte, por la experiencia que tenía con las armas de fuego. Aprendió a manejarlas en el ejército (el servicio militar es obligatorio en Israel tanto para hombres como para mujeres). Su experiencia en la mili también le enseñó, dice, valores que le han servido mucho en su carrera como actriz. “El ejército te da disciplina. Te enseña a darte cuenta de que no se trata de ti, sino del grupo, de la comunidad. Te enseña a trabajar en equipo”, reconoce.

Aquella primera experiencia internacional la enganchó por completo. “Creo que entonces me di cuenta de la dinámica del rodaje y de lo maravilloso que es actuar. Había actuado frente al público desde que era niña como bailarina, pero nunca pensé en ser actriz. Pero con A todo gas me di cuenta de lo divertido que es. Actúas, te aprendes el guión, viajas, conoces a gente… Me pareció mucho más interesante que estudiar Derecho [risas] y decidí que quería seguir intentándolo”. El intento, sin embargo, fue más difícil de lo que pensaba, y pasaron varios años hasta que la actriz consiguió protagonizar una película estadounidense.

Si te caes, levántate y sigue caminando hasta que llegues a la meta”.

El papel de Wonder Woman (Diana de Themyscira) le llegó casi de milagro, como si se lo hubiera arrojado el mismo Zeus desde el Olimpo. Apenas unos meses antes de que se lo confirmaran, Gadot había decidido, desesperada y desesperanzada, o quizás aceptando con tranquilidad su destino, que nunca más volvería a intentar actuar en una película fuera de Israel. Con demasiados rechazos a sus espaldas y castings que no la llevaron a nada más que a arrastrar a su familia de un lugar a otro, tiró la toalla al poco de presentarse a las pruebas para protagonizar una película de superhéroes, Wonder Woman. “Cuando volví a mi país, lo hice convencida de que no me saldría esa película. Tampoco es que tuviera esa pasión que tienen otras actrices por actuar. Más bien pensé: “Bueno, retomo mi carrera de Derecho Internacional y ya está”. Pero, esta vez, la suerte, o los dioses, sí estuvieron de su parte.

En las dos entregas de Wonder Woman, la actriz aparece con los atributos físicos propios de las superheroínas de los cómics: fuerte, ágil y sensual. ¿Tuvo mucho que ver el entrenamiento militar con su espectacular forma física? “Yo siempre fui superatlética, así que es difícil saber si el ejército contribuyó o no a mi forma física. Siempre hice mucho deporte; mi madre era profesora de educación física y, de pequeña, yo jugaba al baloncesto, al voleibol y al tenis todo el tiempo”.

Lo que sí tuvo que hacer fue someterse a un entrenamiento especial durante cinco meses para convertirse en la superpoderosa Diana de Themyscira: una combinación de artes marciales, velocidad y ejercicios de cardio que la prepararon para moverse con asombrosa agilidad. En el rodaje de una de las escenas, la actriz tuvo que correr a gran velocidad mientras la zarandeaban y sorteaba obstáculos. “Fue increíble. Cortaron varios kilómetros de Pennsylvania Ave [en Los Ángeles] y tuve que correr a la velocidad de Usain Bolt. Fue agotador, pero mereció la pena, porque le da autenticidad a la película”. Intentando correr a la velocidad del hombre más rápido del planeta, pero muy poco tiempo después de haber dado a luz a su segunda hija. Eso sí suena de verdad a Wonder Woman.

La actriz israelí, que se casó hace 12 años con el empresario Yaron Varsano, tiene dos hijas de nueve y tres años. “A principios de este año me propuse hacerlo lo mejor posible en casa y sentir menos culpa por lo que no pueda hacer. Soy una madre muy implicada, estoy muy unida a mis hijas, y siempre me aseguro de que yo soy la primera persona a la que ven por la mañana y la última persona a la que ven antes de irse a dormir. Recuerdo que, cuando tuve a mi primera hija, le pregunté a mi marido cómo lo íbamos a hacer [conciliar trabajo y familia]. Y él me dijo: “Haz lo que quieras, pero piensa también en qué ejemplo le quieres dar a tu hija”. Y eso tuvo un efecto muy profundo en mí. Quiero que [mis hijas] sepan que son capaces de hacer lo que se propongan, sin ningún tipo de límites”, explica.

“Si algo aconsejo a las niñas que quieren ser actrices de mayores es que nunca se tomen el rechazo como algo personal. Es una de las razones por las que no quiero que mis hijas sigan mi carrera”, asegura Gadot. Y da la sensación de que, a pesar de que el éxito le ha llegado por fin, conserva aún el sabor amargo de las sucesivas derrotas. “Es difícil no tomárselo como algo personal cuando te juzgan en función de cómo actúas, pero en realidad no lo es. Y luego, les recomiendo que tengan mucha persistencia. Si quieres conseguir algo, persíguelo. Si te caes, levántate y sigue caminando hasta que llegues a tu meta. Si te dan un papel, llega preparada, llega a la hora, apréndete bien el guión. Y, sobre todo, disfruta”, dice soltando una risa potente, sonora, que se pierde en la luz dorada de la tarde en California.

¿A la tercera va la vencida?

Wonder Woman 1984 era una de las grandes apuestas cinematográficas de este 2020, pero, como tantas otras cosas, la pandemia ha obligado a cambiar los tiempos. Ambientada en los años 80, en plena guerra fría con la Unión Soviética, la segunda entrega de la saga tenía anunciado su estreno para el 5 de junio. En vista de la situación, se aplazó al 14 de agosto, aunque se volvió a posponer. Finalmente, si no hay nuevos cambios, estará en los cines en octubre.

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