Carmen Quesada, viuda de Arturo Fernández: "Merecía haber sido inmortal"

Ha pasado un año de la pérdida del actor Arturo Fernández y hoy su gran amor y compañera de los últimos 40 años de vida, Carmen Quesada, recuerda con palabras emocionadas al que sin duda fue el gran señor de los escenarios.

Hoy Corazón Dicen que el primer año, tras perder a un ser tan querido para usted como fue Arturo Fernández, es el más duro. 40 años juntos y hoy no imagino cómo lo está soportando.

Carmen Quesada Ha sido y es muy duro. Es difícil aceptar la ausencia definitiva de alguien como Arturo, cuya presencia llenaba cualquier espacio. A veces pienso que está de gira y que se va a abrir la puerta de casa y va a llegar con esa sonrisa que lo iluminaba todo, con ese porte, con ese aplomo y ese equilibrio que hacía que todos los que estábamos a su lado nos sintiéramos seguros, protegidos. Es difícil explicar con palabras que se siente ante la ausencia de alguien que lo ha sido todo.

H.C. Aunque Arturo tenía una edad avanzada estaba en plena forma hasta poco antes de fallecer y eso hacía que pareciera inmortal. ¿A qué le tenía miedo?

C.Q. Solo a la incapacidad que demasiado a menudo lleva aparejada la vejez. Afortunadamente estuvo muy pocos días sin poder valerse por sí mismo y, sorprendentemente, lo aceptó bien, muy bien pero sin rendirse ni un segundo y sin creer que no se recuperaría. Estaba lleno de vida y de ganas de vivir y trabajar. La verdad es que creo que merecía haber sido inmortal.

H.C. Se fue con la misma elegancia con la que vivió. Sin ruido, sin estridencias. Para usted debieron ser unos meses complicados.

C.Q. Estuvo dos años luchando con su enfermedad. Lo sabíamos, pero parecía imposible que nada fuera a poder con ese hombre que se subía todos los días al escenario con una función tan trepidante como la que hacía… Que terminaba la función y estaba casi una hora de pie haciéndose fotos con los espectadores que le esperaban a la salida. A veces no le resultaba fácil, pero respetaba tanto al público que jamás se permitió una debilidad.

H.C. ¿Cree que se le ha hecho justicia a su memoria?

C.Q. Para mí, Arturo Fernández es un hombre y un artista inmenso para el que cualquier homenaje es poco. Los días siguientes a su marcha yo estaba en una nebulosa, pero sé que los medios le trataron con enorme respeto y mucho afecto y eso lo agradezco mucho. Su despedida en Gijón fue, además de multitudinaria, conmovedora y emocionante… es imposible olvidar ese silencio lleno de lágrimas y de amor de las personas que acudieron a despedirse en el Teatro Jovellanos o de la interminable ovación que le acompañó por las calles de su Gijón del alma. Y ese es el reconocimiento que Arturo buscaba y valoraba: el del público. Y lo tuvo, en vida y en despedida. El resto ni lo buscó ni le importó nunca.

H.C. En los últimos tiempos se definía como un señor de derechas que nunca recibió una subvención. ¿Le perjudicaron esos titulares?

C.Q. A él no le afectó. Tuvo el privilegio trabajado de contar con el favor del público que era la única subvención que quería y valoraba. Siempre decía que la independencia tiene un precio, pero que merecía la pena pagarlo. También decía que el arte no tiene ideología pero que el artista sí y que tiene derecho a expresarla; a lo que no tiene derecho es a despreciar la labor, el trabajo de los que no piensan como él. Y es que Arturo, que era orgullosamente de derechas ideológicamente hablando, huyó siempre del sectarismo que demasiado a menudo envuelve a su profesión. Haber vivido tanto y tan diferentes momentos de nuestra España le permitía mirar, juzgar y aceptar desde la serenidad, aunque se expresara vehementemente.

H.C. A Arturo, cuando hablaba de usted, le cambiaba la cara. Era todo para él. ¿Qué le queda de todo ese amor?

C.Q. Todo, todo menos él.

H.C. La suya fue una relación larga, intensa y sobre todo muy discreta. Siempre encajó que el artista era Arturo.

C.Q. Creo que yo tenía más claro que Arturo que el personaje era él. Arturo cuando se bajaba del escenario no se sentía artista en el sentido de personaje. Siempre le sorprendía que la gente le reconociera por la calle… a veces, en broma, yo le decía: «Arturo, tú crees que eres electricista o farmacéutico ¿verdad?» Afortunadamente los dos coincidíamos en muchísimas cosas, entre ellas en que nos gustaba vivir al margen de los focos.

H.C. Actualmente vive en la casa que tenían en Marbella. ¿cómo es su vida ahí? ¿Dejaron las cosas resueltas para su tranquilidad y futuro?

C.Q. Una vida privilegiada, sin duda. Esta casa la hicimos juntos con muchísima ilusión y ha sido testigo de momentos personales y familiares muy felices, Marbella es un sitio maravilloso para vivir sobre todo si sabes buscar o tienes la suerte de encontrar las muchas otras facetas de esta ciudad, poliédrica donde las haya, diferente a la imagen tópica que se tiene de la Marbella de agosto… una ciudad con una vida cultural más que estimable, muy familiar, en contacto con la naturaleza, muy solidaria.

H.C. Si pudiera decirle algo a Arturo en estos momentos, ¿qué sería?

C.Q. Te quiero.

H.C. ¿Cómo habría vivido Arturo los meses que estamos pasando de pandemia, confinamiento y cierre de teatros?

C.Q. Al principio me rebelé, porque pensé que nunca había tenido la oportunidad de tener a Arturo sin trabajar tanto tiempo seguido y me hubiera encantado estar encerrados viendo series, leyendo, oyendo boleros, Sinatra… Enseguida me di cuenta de que a veces es verdad que Dios escribe derecho con renglones torcidos: Arturo no hubiera sido feliz viendo su segunda casa, que es el teatro, cerrada a cal y canto, no hubiera sido feliz sin poder ver a sus hijos, sus nietos o sus amigos. No hubiera entendido nada de esta situación ni de su gestión. No hubiera sido feliz y fue un hombre fundamentalmente feliz hasta el final.

“Me apoyo en mis afectos y en mi trabajo solidario, que ha dado algo de sentido a mi vida actual”

H.C. ¿Y usted cómo ha vivido todo esto?

C.Q. Tengo la suerte de trabajar como voluntaria en Cáritas. Mi directora decidió desde el primer momento abrir todos los días de la semana para atender las necesidades de nuestra parroquia, así que, con todas las precauciones y medidas de seguridad posibles, no he vivido el confinamiento. Entramos en el programa de World Central Kitchen de José Andrés y, además de nuestra tarea habitual pero multiplicada por tres, repartíamos entre 300 y 600 menús diarios. Ha sido un privilegio personal no tener demasiado tiempo para pensar en mí.

H.C. ¿En quién se apoya hoy?

C.Q. En mis afectos, algunos heredados. Tengo la fortuna de tener muchos personas que me demuestran su cariño y no me dejan sentirme sola. Y en mi trabajo solidario, que ha dado algo de sentido a mi vida actual. Al irse Arturo también se fue mi actividad profesional y no me acostumbraría a no tener un trabajo cotidiano.

H.C. ¿Qué le ha quedado de Arturo que le haga especial ilusión?

C.Q. Todo lo que tengo de él me da vida y ya me hace sonreír: fotos, ropa, agua de colonia, las imágenes de vírgenes y santos de la mesilla de noche, el cenicero de sus habanos, los guiones corregidos manualmente…

H.C. ¿Qué era lo mejor de Arturo?

C.Q. Su integridad, su honestidad, su sentido del humor, su generosidad sin límites, su equilibrio y ecuanimidad, su sencillez, su sentido de la responsabilidad… ¿Esta entrevista puede ser por capítulos? Es por poder alargarme.

H.C. Dicen que el tiempo ayuda a superar una pérdida.

C.Q. No exactamente. El tiempo ayuda a convivir con la ausencia. La pérdida ni se puede ni se quiere superar.

H.C. Cuál es el mejor momento que recuerda usted junto a Arturo.

C.Q. ¡Tantos! Muchos en esa Asturias querida y compartida; en Los Lagos de Covadonga en nuestros comienzos, las marchas por los Picos de Europa, las partidas de dominó en el delicioso Hotel El Oso en Cantabria, una estancia con la familia al completo en Villaviciosa, las sobremesas en Gijón… Pero también las horas de trabajo en común adaptando textos o diseñando decorados. Los partidos de futbol que veíamos después de la función teatral grabados y sus divertidísimos comentarios. Cuando de repente en el salón de casa sonaba un bolero o una canción de Sinatra y me sacaba a bailar y alguno de los perros se metía por el medio… ¡Las discusiones políticas! ¡Tantos!

H.C. ¿Me puede definir a Arturo con una palabra?

C.Q. Guapo. Por dentro tanto o más que por fuera.

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